Un "no" inicial,
un "deja que me lo piense" a continuación
y un "gracias por confiar en mi" al final.

Así resumiría esta nueva aventura que comenzó el día en que me propusieron este gran reto, fotografiar una boda. 
Con muchos miedos y dudas llegó el día;
el arreglo de la novía, el olor de su ramo, el padrino, una vecina que le dedica un "¡guapa!", el novio, la madrina, la iglesia, el sí quiero, "¡vivan los novios!", el baile.
Todo quedó reflejado en imagenes, fue mágico. Llegar a casa y montar de nuevo ese 9 de agosto de 2014 hace que te des cuenta de que tienes entre tus manos un trocito de historia, 
la historia de Sebastián y Rocio.
Enhorabuena a los dos, os deseo lo mejor.


Y gracias por todo.